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Una juntada de verano, artistas de renombre, referentes del género que se juntan el pago curuzucuateño a disfrutar de la amistad y la vida. De allí surge este festival que no hace otra cosa que revalidar el concepto de “Sucursal del cielo” en la localidad sureña.



Colaboración Juan Pedro Zubieta y Carlos Lezcano

El calendario cultural de Corrientes suma al Primer Festival del Chamamé de Curuzú Cuatiá “A orillas del sol” que se realizó días pasados en la localidad del sur de la provincia. Se trata de un acontecimiento que  manifiesta la identidad musical de ese lugar, que cuenta con estilo propio y una personalidad fuerte y a la vez, sutil que funda una forma de ser sonora no solo como tradición sino como futuro.


En el clima de este  festival hay sin dudas algo que nos llega del pasado, porque por sus huellas vienen los recuerdos de los que ya no están.  “No como algo muerto y fijo que queda atrás, sino como una serie rítmica de recuerdos de una continuidad histórica del sentir de este entrañable lugar”, expresaron desde la organización.

La fecha elegida no es casual porque está relacionada con el encuentro de los que se fueron, con los que eligieron quedarse en ese sitio. Los fines de año en Curuzu están marcados por este momento.

Llegan los que partieron buscando nuevos rumbos  para compartir la música con los que están. Desaparece por unos días la necesidad de los caminos y aparece el aroma del tiempo compartido en las leñas de los asados. Esa nomas es la semántica el reencuentro en la “Sucursal del Cielo”.

Para unos y para otros desaparece momentáneamente  la lejanía y los caminos descansan unos días sus pasos.

 EL CLIMA GENERAL

“Y ¿cómo va ?” se pregunta al llegar. “Y a fin de año acá en Curuzú todo es la música”, dice Tino Belaustegui  cuando nos recibe en su casa mientras en el patio ensaya Mateo Villalba junto a Juanjo Belaustegui (hijo del dueño de casa)  y Miguel Guerreo, el trío que a la noche estará en el primer Festival de Chamamé “A orillas del Sarandí”.

En la cocina, su mujer Rosana hace un guiso de arroz mientras nosotros preparamos un  picado con morcillas de Tito Molina.

“Mira que este no es un festival bola ¡eh!”, dice Carlos Villalba, medio en serio y medio en broma.

“¿Vino Cuarto Seco?” consulta otro invitado. “Si ya está por acá. Vino con Daniel Osuna y Piri Araoz en auto”, le contesta otro.

Es un ambiente de fraternidad. Aldy Balestra llegó la otra noche también en auto. Bajó y así como estaba fue a tocar con los amigos. Tolato Trzukot está  llegando desde Federal y Manuel Cruz desde Paso de los Libres con su notable conjunto montielero.

Ese es el clima de la siesta-tarde pueblera donde los ensayos en los patios anticipan la apertura del festival. Un ir y venir de guitarras y acordeones se multiplican en  encuentros gastronómicos que forman el telón de fondo de los preparativos de la gran noche.

Los memoriosos recuerdan que antes,  los fines de año en Curuzí había dos reuniones importantes que se convirtieron en  míticas. La primera  el 30 de diciembre, cuando los amigos llegaban a la casa de Pinocho Hernández de  la calle Gobernador Gómez con la excusa del cumpleaños de Alicia.  Pocholo Aire, Kutu Regúnaga, Roberto Romero, Juancito Guenaga, Condoro Aguerre, Carozo Gutiérrez, Romy Espinoza, Cachito Ferreyra, Pico Silvera y Aldy Balestra entre otros, formaban una cartelera que envidiaría cualquier festival.

Unos días más tarde, los 2 de enero Quique Sorribes organizaba una cena en la casa de su secretaria Ana, que invariablemente continuaba con serenatas recorriendo ventanas de amigos.

El asado estaba a cargo de la “Vaca Rodríguez” y después de la comilona, a recorrer “el pueblo manso” en busca de mas amigos y nuevas historias.

Palometa Amarilla, Toí Lezcano, Emilín Corral, Oreste Hernández, Federico Uribe, Mateo y Pocholo, el Toto Alsina, Ocampito, Baby Gadea, la Rana Espinoza, el Pincha Molina y de las nuevas generaciones,  Waly García, Yayo Cáceres y Aldy Balestra, son los nombres que aparecen cada vez que se habla de música acá. Entonces uno dice y siente, que verdaderamente Curuzú Cuatiá es la sucursal del cielo.

Este primer festival está organizado por un grupo de “gurises”: Pablo Melgarejo, el Alfre Echeverría, Luismi Villalba, José Fleita, Marcelo Hernández mas las guitarras de Curuzú;  Diego Flores, Carlitos Villalba, Julián Molina y el Seba González.

A las  22,08 Romy  Espinoza canta  su poema a la “Virgen del Pilar”, patrona del lugar y entra el ballet oficial de evento dirigido por César Pintorelli. Los primeros grupos suenan y comienza de ese modo simple este festival que tiene mucho de evocación pero se abre al futuro por la calidad de su programación.

Tolato  Trzuskot  llega desde Federal con su trío. Este músico que descendiente de polacos nos dice: “no toco bien, pero toco fueeerte”.  Sabemos que solo es un chiste porque en realidad toca muy bien y con fundamento.

Sube al escenario con su hermano y su sobrino y desarrolla un repertorio muy acorde a la ocasión. Bien festivalero aunque el llega el momento del lucimiento personal  con su versión de “Camino a Tres Palmas”. Lo hace bien y con solvencia.

Cerca de la medianoche llega un momento esperado por todos, cuando sube el trío de Mateo Villalba que esta vez tiene dos invitados de lujo, Daniel Osuna y el Piri Aráoz.

Abre con una versión en trío de “Vengo de lejos” y después “Corrientes” ya con los cantores.

Un momento muy alto fue la versión de Piri del mítico tema de los años 70 “Evocación a la ternura”  que cantara Atilio Puchot.  Piri lo hace con sentimiento y un lirismo tremendo que sorprende con un final diferente al grabado en los 70 porque logra junto a Mateo un diminuendo sutil y absolutamente memorable.

No es fácil cantar después de esta versión pero llega el turno de Daniel con “Siempre en diciembre” con letra de Irma Lacroix y música del maestro.

“Tenía un nudo en la garganta” nos dice Dany que sin embargo encara en tema con mucha seguridad. Mateo toca la misma base que tuvo la versión cantada por Roberto Galarza en el disco “De Regreso”.

“Volveré, Volveré/ en diciembre a mi pueblo. Porque  el tiene los ojos/ del adiós y del regreso. Volveré con mis tontos / antojos de invierno / a regar el rosal / de la casa natal”, expresa la obra.

La versión también es sentida y hermosa. Los matices que logra son sublimes. Canta, pero también interpreta con profesionalidad.

Un rato después Daniel nos cuenta que en realidad lo que hizo fue “decir” el tema que habla  sobre la ausencia, el desamparo, la añoranza del lugar de la infancia.

Promediando la actuación, la organización distinguió a Mateo Villalba por su aporte a la cultura curuzucuateña, con la entrega de una réplica de la “Cruz Grabada”, la “Kurusu Kuatia”, realizada por el escultor Julio Mac Donald.

Para cerrar la actuación Mateo invita a “Las guitarras de Curuzu” a tocar con ellos nada menos que “Al estilo de Martín”, esa memorable obra que recupera los arreglos Martin Torres, el legendario guitarrista de Ernesto Montiel que eligió pasar sus últimos días en París donde se pierden sus rastros,  donde está manifestada explícitamente la admiración de Villalba.

Otro punto alto es la actuación del “Cuarteto Estampa Correntina” que dirige Manuelito Cruz y que cuenta con el curuzucuateño Juan Manuel Aguirre como bandoneonista, seguido con un respetuoso silencio por la concurrencia, confirmando que el estilo montielero es unos de los preferidos del sur correntino y norte entrerriano.

Destacada también la perfomance de una de las importantes apariciones de la música curuzucuateña, el acordeonista Braulio Rosas. Hijo del querido Tatín Rosas,  con solo 14 años,  alternó con solvencia acordeón y guitarra, y en sus filas se destacaron integrantes del conjunto “Volver en Guitarra” de la ciudad de Chajarí, que homenajearon a Pocholo Airé y Mateo Villalba.

Completan la grilla del viernes una linda mezcla de juventud y vieja guardia, representados por el Negro Quirós con Loncho Insaurralde, Milagros Dalmazzo y Rubén Rodríguez.

Va culminando la primera noche,  nos sentamos con Mateo a compartir unas empanadas y brindamos por supuesto, por la amistad, el chamamé y la vida.

La madrugada ya esta avanzada y se cumple “la vieja ley del camino que  pide a cada cual su huella” como dice Folguerá. Nos despedimos.

El primer festival pide continuidad porque es ley que con el segundo paso se avanza.